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domingo, 2 de febrero de 2014

Alberto el niño de la felicidad


Había una vez un niño que se llamaba Alberto y era un niño muy triste, nadie lo quería. En el colegio no tenía amigos y siempre le pegaban, maltrataban y hasta lo insultaban. En el patio nunca jugaba y  se quedaba en la sombra del árbol del colegio, miraba a todos los niños que estaban a su alrededor jugando y jugando sin parar.

Él se divertía jugando con su hermano Julio al piedra, papel, tijera y siempre, su hermano, le recordaba que él siempre estaría allí con él. Pero él sabía que no tendría una infancia muy feliz. Cuando llegaba a casa le contaba a su madre todo lo que le había pasado en el colegio y su madre no estaba muy contenta porque Alberto lo pasara mal y Julio no pudiese jugar en el recreo con sus amigos, aunque Julio tampoco estaba muy afectado por no poder jugar por su pobre hermano.

Después de dos semanas era el cumpleaños de Alberto. Invitó a todos sus familiares y alguno que otro amigo pero ninguno se molesto en  venir. Después de lo que le había pasado se paso todo el día llorando porqué se sentía muy avergonzado. Pero no solo por eso sino porque en el colegio se supone que cuando es el cumpleaños de alguien lo celebran pero eso con él no pasaba nunca.

Un mes después era su santo y solo su hermano Julio se acordó y como no, le tuvo que recordar a su madre Cristina y a su padre José. Pero esa misma noche no  podía dormir y entonces su madre Cristina le contó una leyenda, le habló de un sabio muy sabio al que hacían llamar el sabio de la felicidad. Le explico que vivía  en el medio del bosque de los mil enanitos en una casa de color azul, que solo come fruta y su pasión es el yoga.
Alberto le pregunto - Mama esta leyenda es cierta? - y su madre le contestó- No lo sé, pero puedes pensar lo que quieras y ahora a dormir! - Alberto respondió- Yo creo que es muy cierta-.

Su madre Cristina se fue de su habitación mientras Alberto hacia ver que dormía.
Cuando su madre cerró la puerta del todo espero cinco segundos y sin hacer el menor ruido cogió su bolsa de excursiones y dentro metió: Agua, fruta, protecciones, su collar de la suerte, un mapa donde indica donde esta el bosque y toda las esperanzas de encontrar al sabio de la felicidad.

Se vistió con: zapatillas de montaña, una camiseta de manga larga, un abrigo encima, unos pantalones bien cómodos y unos guantes de escalar. Y sin que nadie lo viera salió por la ventana en busca del sabio de la felicidad.

Cuando llegó al bosque de los mil enanitos entendió porqué se llamaba así, porque a cada metro que caminabas te acompañaba un enanito que te explicaba como era el sabio. Después de 1000 metros llegó a la casa de sabio.

Era una casa muy mona hecha con madera, con una chimenea de piedra y unas ventanas de vidrio. Al lado de la casa del sabio había un pequeño pueblo, el pueblo de los mil enanitos que daba referencia al bosque. Cuando los enanitos querían algo solo se lo tenían que decir y le daba todo lo que ellos quisieran, o sea que el sabio además de ser sabio era muy generoso.

Por fin llamo al timbre y descubrió quien era. Era un maravilloso hombre con el pelo negro, unos ojos muy brillantes, iba  vestido con ropa cómoda y era un poco de yoga. Le invito al salón y vio que su casa era como una clase de yoga. Yoga por aquí yoga, por allá, hasta le invito hacer una clase de yoga, después de hacer la clase Alberto se quedó mucho más relajado y el sabio le invito a ver la exposición de la sonrisa.

Era una sala a la que el sabio había dedicado a la sonrisa, una sala llena de fotos de gente a la que él había hecho feliz, habían unas 875 fotos.

Después enseñó a Alberto a hacer amigos y a ser feliz. Alberto veía como poco a poco su felicidad volvía a él, antes de irse Alberto entregó al sabio su collar de la suerte porque gracias a él ya no lo necesitaría más.

Y así es como Alberto descubrió la felicidad y una nueva amistad.

Alberto por fin hizo amistades en el colegio y paso de estar en la sombra de un árbol a jugar con sus amigos, incluso hizo un gran amigo que se llamaba Carlos y lo que más le gustaba era llegar a casa y explicarle cosas super chulas que le habían pasado en el colegio.

Se sentía muy feliz con su nueva vida y su familia le hizo una fiesta sorpresa, lloró de felicidad porque habían venido familiares y amigos. Su madre Cristina, su padre Jose y su hermano Julio estaban muy contentos del esfuerzo que había hecho Alberto. Pero Alberto cada día se preguntaba que habría sido del sabio de la felicidad.  

Sara Tienda (9 años)

sábado, 25 de enero de 2014

La bandada de gansos


Miles de gansos emigran cada año, y en su camino son innumerables las dificultades que deben vencer: enormes distancias, fuertes vientos, cazadores furtivos, o el propio cansancio por el gran esfuerzo.

Sin embargo, no afrontan solos ese desafío, ya que se unen en bandadas para potenciar sus fuerzas, y vuelan en forma de V para reducir la resistencia al viento.

Coordinan sus movimientos en la misma dirección y su velocidad es constante, producto del esfuerzo compartido. La cohesión de la formación les permite no sólo afrontar las turbulencias del viento, sino aprovecharlas a su favor. Ningún ganso individualmente, por más veloz y resistente que sea, logra obtener resultados similares volando solo.

Cuando el líder se cansa, se retira al último lugar de la formación para recuperar fuerzas. Otro ganso lo reemplaza manteniendo el rumbo y la velocidad de vuelo, siempre marcado por el líder. Los demás alientan con su graznido a aquellos que hacen el mayor esfuerzo, Si alguno de ellos cae herido, uno de sus compañeros lo protege y acompaña hasta que está en condiciones de retomar el vuelo. 

Finalmente, cuando están próximos a llegar a su meta, cambian la estructura de su formación para tocar tierra, suavemente, en una armónica ola.

sábado, 5 de octubre de 2013

Zanahorias, huevos o café



Así como el oro debe pasar por el fuego para ser purificado, los seres humanos necesitamos pruebas para pulir nuestro carácter Lo más importante es cómo reaccionamos frente a ellas.
Una hija se quejaba con su padre acerca de la vida y se lamentaba de que las cosas no le salían bien. No sabía como hacer para seguir adelante pues sentía desfallecer y se iba a dar por vencida. Estaba cansada de luchar y luchar, sin obtener ningún resultado. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.

Su padre, un chef de cocina, la llevó al lugar de trabajo. Allí tomó tres ollas con agua y las colocó en el fuego. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la ultima colocó granos de café. Las dejó hervir. Sin decir una palabra, solo miraba y le sonreía a su hija mientras esperaban.
La hija se impacientaba, preguntándose que estaría haciendo su padre. A los 20 minutos el padre apagó el fuego. Sacó los huevos y los colocó en un recipiente, sacó las zanahorias y las puso en un plato y finalmente, colocó el café en un tazón. Mirando a su hija le dijo: Querida ¿Qué ves? “ Huevos, zanahorias y café” fue su respuesta.

La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias, ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera, después de quitarle la cáscara, observó que el huevo estaba duro. Luego le pidió que probara el café, ella sonrió mientras disfrutaba de una exquisita taza de la deliciosa bebida. Sorprendida e intrigada la hija preguntó: ¿Qué significa todo esto, padre? Él le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: ¡agua hirviendo! Sólo que habían reaccionado en forma diferente.


La zanahoria llegó al agua fuerte, dura; pero después de pasar por el agua hirviendo se había hecho blanda y fácil de deshacer.
Los huevos habían llegado al agua frágiles, su cáscara fina protegía su interior líquido; pero después de estar en el agua hirviendo, se había endurecido.

Los granos de café, sin embargo eran únicos: después de estar en agua hirviendo, habían cambiado al agua.
¿Cuál de los tres elementos eres tú? Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿Cómo respondes? Le preguntó a su hija. ¿Eres una zanahoria que parece fuerte pero cuando la fatalidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza?

¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable, con un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación o un despido se ha vuelto duro e inflexible? Por fuera te ves igual, pero ¿eres amargada y rígida, con un espíritu y un corazón endurecido?
¿O eres un grano de café? El café cambia al agua hirviendo, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto máximo de ebullición el café alcanza su mejor sabor y aroma.

Ojalá logres ser como el grano de café, que cuando las cosas se pongan mal, tú puedas reaccionar en forma positiva, sin dejarte vencer por las circunstancias y hagas que las cosas a tu alrededor ¡mejoren!
Que ante la adversidad exista siempre una luz que ilumine tu camino y el AMOR en mayúsculas llene tu corazón para que lo compartas con las personas que te rodean y que puedas siempre esparcir e irradiar fuerza, optimismo y alegría como el “grato aroma del café”...

viernes, 3 de agosto de 2012

Las tres rejas

El joven discípulo de un filósofo sabio llegó a casa de este y le dijo:

- Maestro, un amigo suyo estuvo hablando de usted con malevolencia.

- ¡ Espera ¡ - lo interrumpió el filósofo- ¿ Ya hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?

- ¿ Las tres rejas?

-  Sí. La primera es la reja de la VERDAD. ¿ Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?

- No; lo oí comentar a unos vecinos.

- Entonces al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la BONDAD. Esto que deseas decirme ,¿ es bueno para alguien?

- No, en realidad no. Al contrario...

- ¡Vaya! La última reja es la NECESIDAD.¿ Es necesario  hacerme saber eso que tanto te inquieta?

- A decir verdad , no.

- Entonces – dijo el sabio sonriendo- , si no es verdadero, ni bueno, ni necesario, sepultémoslo en el olvido.

domingo, 1 de abril de 2012

¿Qué quiere realmente la mujer?

Cuando era joven, antes de lograr fama como el legendario soberano de la Mesa Redonda, el rey Arturo fue sorprendido y apresado por el monarca del reino vecino mientras cazaba furtivamente en sus bosques. El Rey pudo haberlo matado en el acto, pues tal era el castigo para quienes violaban las leyes de la propiedad, pero se conmovió ante la juventud y la simpatía de Arturo y le ofreció la libertad, siempre y cuando en el plazo de un año hallara la respuesta a una pregunta difícil. La pregunta era: "¿Qué quiere realmente la mujer?"

Semejante pregunta dejaría perplejo hasta al hombre más sabio, y al joven Arturo le pareció imposible contestarla. Con todo, aquello era mejor que morir ejecutado, de modo que regresó a su reino y empezó a interrogar a la gente -a la princesa, a la reina, a las prostitutas, a los monjes, a los sabios y al bufón de la corte… en suma, a todos, pero nadie le pudo dar una respuesta convincente-.

Todos le aconsejaron que consultara a la vieja bruja, pues sólo ella sabría la respuesta. El costo sería alto, ya que la vieja bruja era famosa en todo el reino por el precio exorbitante que cobraba por sus servicios. Llegó el ultimo día del año convenido, y Arturo no tuvo más remedio que consultar a la hechicera.

Ella accedió a darle una respuesta satisfactoria, a condición de que primero aceptara el precio. Ella quería casarse con Gawain, el más noble caballero de la Mesa Redonda. El joven Arturo la miró horrorizado: la bruja era jorobada y feísima; tenía un solo diente, despedía un hedor que daba náuseas, y hacía ruidos obscenos. Arturo nunca se había topado con una criatura tan repugnante. Se acobardó ante la perspectiva de pedirle a su amigo de toda la vida que asumiera por él esa carga terrible. No obstante, al enterarse del pacto propuesto, Gawain afirmó que no era un sacrificio excesivo a cambio de la vida de su compañero y la preservación de la Mesa Redonda.

Se anunció la boda, y la vieja bruja, con su sabiduría infernal, dijo: Lo que realmente quiere la mujer es ser soberana de su propia vida. Todos supieron al instante que la hechicera había dicho una gran verdad, y que el joven rey Arturo estaría a salvo. Y así fue: al oír la respuesta, el monarca vecino le perdonó la vida. Pero ¡menuda boda fue aquella! Asistió la corte en pleno, y nadie se sintió más desgarrado, entre el alivio y la angustia, que el propio Arturo.

Gawain se mostró cortés, gentil y respetuoso, mientras que la vieja bruja hizo gala de sus peores modales: engulló la comida directamente del plato sin usar los cubiertos, emitió ruidos y olores espantosos, etcétera. Llegó la noche de bodas. Cuando Gawain ya estaba preparado para ir al lecho nupcial, aguardando a que su esposa se reuniera con él, apareció ella con el aspecto de la doncella más hermosa que un hombre desearía ver. Gawain quedó estupefacto y le preguntó qué había sucedido. La joven respondió que, como Gawain había sido cortés con ella, la mitad del tiempo se presentaría con su aspecto horrible y la otra mitad con su aspecto atractivo. A continuación, lo consultó: -Tú ¿cuál preferirías para el día y cuál para la noche?

¡Qué pregunta cruel! Gawain se apresuró a hacer cálculos… ¿Querría tener durante el día a una joven adorable, para extasiarse con su belleza y exhibirla ante sus amigos, y por las noches, en la privacidad de su alcoba, a una bruja espantosa? ¿O preferiría tener de día a una bruja, y a una joven hermosa en los momentos íntimos de su vida conyugal?

El noble Gawain replicó que LA DEJARÍA ELEGIR POR SÍ MISMA. Al oír esto, ella le anunció que sería una hermosa dama, no sólo de día sino también de noche, porque él la había respetado y le había permitido ser dueña de su vida.

LA MORALEJA ES QUE NO IMPORTA SI LA MUJER ES BONITA O FEA, EN EL FONDO TODA MUJER SIEMPRE ES UNA BRUJA INTELIGENTE

sábado, 10 de marzo de 2012

Atravesando el desierto



De repente hace frío, tanto frío que no sientes tu cuerpo, dejas de sentir por completo, incluso dirías que tu cuerpo ya no es tuyo, que has logrado transcenderlo, te miras al espejo y no te reconoces ¿Quién es esa persona que te mira desde el otro lado? Si te acercas a la fría superficie y miras bien dentro de tus ojos te asustas, retrocedes porque es allí donde puedes contemplarte sin máscaras, sin disfraces, es ahí donde puedes contemplarte con toda tu grandeza, con toda tu verdad pero asusta tanto que no osas si quiera resistir la mirada durante dos segundos. Crees que es más seguro no mirar ahí dentro, el miedo te paraliza y te aparta de tu esencia, del amor, de la belleza y te lleva a lugares oscuros, fríos y solitarios.

De repente hace calor, tanto calor que quisieras repartirlo a todo el que se te acerca, no sabes muy bien porqué pero necesitas compartirlo, es algo que surge de dentro, del corazón y te das cuenta de que no hay motivo para no estar feliz por compartirlo pero también percibes que las personas de tu alrededor se asustan, no quieren eso tan bello porque no están preparadas para recibirlo o simplemente no creen que lo merezcan. Con el calor te observas de nuevo en ese espejo y reconoces enseguida la belleza y el amor, te miras y ves más allá de tu cuerpo. Te sientes a gusto, te amas, miras dentro de tus ojos consiguiendo el éxtasis y la certeza de que formas parte de un todo, de que eres parte del gran universo.

Atravesar el desierto contiene las dos partes, el frío y el calor y no precisamente a parte iguales, por algún motivo sueles permaneces mucho más tiempo en el frío y eso conlleva consecuencias. La única suerte es saber que el calor existe y que cuando lo experimentas sabes que es real, que no puede haber nada más real en tu vida. Sabes que el frío es una farsa, un teatro pero aún así no es fácil desenmascarar a los actores, ni siquiera tu misma consigues quitarte la careta. Es duro atravesar el desierto, la soledad duele, el frío asusta y la oscuridad paraliza. Quiero moverme, amarme y relacionarme pero no puedo, sigo atrapada en este desierto y por más que sepa que solo es un tramo del viaje y que al final encontraré ese deseado oasis no puedo dejar de pasarlo mal.



Fuente: Reflexiones de Carmen Esteban

viernes, 27 de enero de 2012

El aprendiz

Un hechicero africano conduce a su aprendiz por el bosque. Aunque más viejo, camina con agilidad, mientras que su aprendiz resbala y cae a cada momento. El aprendiz blasfema, se levanta, escupe en el suelo traicionero y sigue acompañando a su maestro.

Después de una larga caminata, llegan a un lugar sagrado. Sin parar, el hechicero da media vuelta y comienza el viaje de regreso.

- No me ha enseñado nada hoy - dice el aprendiz, cayendo una vez más.

- Sí que te he enseñado, pero parece que no aprendes - responde el hechicero

- Intento enseñarte cómo lidiar con los errores de la vida.

- ¿Y cómo se lidia con ellos?

- Como deberías lidiar con tus caídas - responde el hechicero - En vez de maldecir el lugar en el que caíste, deberías buscar aquello que te hizo resbalar.

Extraído del libro Maktub de Paulo Coelho

miércoles, 25 de enero de 2012

Alegoría de la rana

Érase una vez, una carrera de ranas. El objetivo era llegar a lo alto de una gran torre. Muchas personas se juntaron para verlas y animarlas.

La carrera comenzó. Pero en realidad, las personas no creían que las ranas pudieran alcanzar la cima y lo único que se oía eran frases del tipo “Es inútil, No llegarán jamás”.

Las ranas empezaron a desanimarse, menos una que continuaba subiendo. Las personas decía”No vale la pena, No llegarán nunca”

Y las ranas se dieron por vencidas menos una que continuaba subiendo …

Al final todas abandonaron menos la rana que sola y gracias a sus esfuerzos alcanzó la cima. Las otras, extrañadas, quisieron saber cómo lo había hecho.

Una de ellas se acercó para preguntarle cómo había hecho para llegar al final de la prueba, y descubrió que … ¡era sorda!

No escuches a las personas que tienen la costumbre de ser negativas … Recuerda el poder de las palabras que escuchas o que lees, y sé ¡SIEMPRE POSITIVO!. Sé sordo cuando alquien te diga que no puedes realizar tus sueños.

Cuento extraido del libro "Coaching: un camino hacia nuestros éxitos" de Viviane Launer

martes, 24 de enero de 2012

Cuento Taoísta - El triángulo y el ángulo recto


Una tarde, al salir de la escuela, se encontraron en una sesión de yoga un triángulo y un ángulo recto. Con ropa más cómoda y uno delante del otro, empezaron a estirar para ir relajando sus cuerpos, moviendo sus lados rectos, vértices y ángulos; adoptando nuevas formas para ir volviendo a la propia al final de la sesión.

Hubo algo que llamó la atención al ángulo recto, ya que su vecino, el triángulo, no se esforzaba tanto como él, quien se exigía más y más para que su forma llegara a ser perfecta.

Su compañero jugaba con el cuerpo, parecía tan fácil, como un bailarín que a veces veía en la tele, había sencillez y concentración en su movimiento, de modo que no se daba cuenta de ser observado.

Para colmo de su asombro surgió un momento mágico, el mundo se paró por unos instantes, observando el triángulo final, era como si flotara en el aire, una verdadera obra de arte.



Y así fueron pasando los días, hasta que por fin se decidió a hablar con él. De camino a casa siempre cogían el mismo tren. Se acercó a él y le dijo:


- Hola ¿Me conoces?

- Sí, te veo en las sesiones.

- Tengo curiosidad por preguntarte ¿cómo lo haces? Me refiero a que yo me esfuerzo mucho más que tú y no tengo tu resultado. No veo tensión en lo que haces.


- Pues no lo sé, pero creo entender a lo que te refieres: todo mi mundo está en ese momento, ya que lo vivo, me dejo llevar, lo disfruto. Sí es cierto que mis líneas son rectas, pero por dentro hay suavidad, sin tensión y lo mejor de todo es que me siento libre, como cuando soplas un diente de león y vuela por el aire.


- Pero oye, dime tú ahora, si el tren nos está llevando ¿por qué continuas cargado con tus mochilas?


Quedó pasmado: -pues tienes razón, no me había dado cuenta. Al dejarlas en el suelo sintió esa ligereza, esa libertad, con un ejercicio tan simple, dejar las bolsas en el suelo y fue entonces que se preguntó a sí mismo ¿Será esta sensación la que él vive? ¿Será esto lo que tengo que aprender?
No lo entendía muy bien aún, pero algo dentro de él le hizo llevarlo a la práctica, con menos rigidez y más espontaneidad. Y así fue el comienzo de una buena amistad.


Ha pasado un tiempo ya desde entonces y nuestro protagonista aún hoy sigue sin entender, pero eso no es lo importante, lo que si vale es que el ángulo recto cada día se siente mejor.

Eva Juárez Ollé - Alumna 3ª Promoción del Instituto QiGong de Barcelona

lunes, 26 de septiembre de 2011

El bambú japonés

No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego constante. También es obvio que quien cultiva la tierra no se impacienta frente a la semilla sembrada gritándole con todas sus fuerzas: !Crece por favor!.


Hay algo curioso que sucede con el bambú japonés y que lo transforma en no apto para impacientes: siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente. Durante los primeros siete años no vemos aparecer nada a tal punto que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles. Pero durante el séptimo año, en un periodo de sólo seis semanas, la planta de bambú crece más de 30 metros ¿Tardó sólo seis semanas en crecer? No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse.


Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento, que iba a tener después de siete años.


En la vida cotidiana, muchas veces queremos encontrar soluciones rápidas y triunfos apresurados, sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo.


De igual manera, es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo y esto puede ser extremadamente frustrante.


En esos momentos hay que recordar el ciclo de maduración del bambú japonés y aceptar que en tanto no bajemos los brazos ni abandonemos por no "ver" el resultado que esperamos, sí está sucediendo algo, dentro de nosotros ... , estamos creciendo, madurando.

domingo, 25 de septiembre de 2011

La Mariposa

Un hombre encontró un capullo de mariposa y se lo llevó a casa para poder ver a la mariposa cuando saliera. Un día vió que había un pequeño orificio y entonces se sentó a observar por varias horas, mientras la mariposa luchaba por salir del capullo.



El hombre vio que forcejeaba duramente para poder pasar el cuerpo a través del pequeño orificio del capullo, hasta que llegó un momento en el que dejó de forcejear, pues aparentemente no progresaba en su intento y parecía que se había atascado. Entonces el hombre, bondadosamente, decidió ayudar a la mariposa y con una pequeña tijera coró un lado del orificio del capullo para hacerlo más grande. Así por fin, la mariposa pudo salir.


Sin embargo, al salir la mariposa tenía el cuerpo muy hinchado y unas alas pequeñas y dobladas.


El hombre continuó observando, pues esperaba que en cualquier instante las alas se estirarían y crecerían lo suficiente para soportar al cuerpo, que se contraería al reducirse la hinchazón.

Ninguna de las dos situaciones sucedieron, y la mariposa solamente podía arrastrarse en círculos con su cuerpecito hinchado y sus alas dobladas ... Nunca pudo llegar a volar.

Lo que el hombre en su bondad y apuro no entendió fue que la restricción de la apertura del capullo y la lucha de la mariposa para salir por el diminuto agujero, era la forma en que la naturaleza forzaba los fluidos del cuerpo de la mariposa hacia las alas, para que estuviesen grandes y fuertes para volar.

La libertad y el volar solamente podrían llegar luego de la lucha. Al privar a la mariposa de la lucha, también se le quitó su esencia.


Algunas veces las luchas son lo que necesitamos en la vida. Si se nos permitiese progresar por nuestras vidas sin obstáculos, nos convertiríamos en inválidos. No podríamos crecer y ser fuertes, ni ser nosotros mismos.


! Cuánta verdad hay en esto ! Cuántas veces hemos querido elegir el camino corto para salir de dificultades, tomando unas tijeras y recortando el esfuerzo para poder ser libres.


Necesitamos recordar que nunca recibimos más de lo que podemos soportar, y que a través de nuestros esfuerzos y caídas somos fortalecidos, así como el oro es refinado con el fuego.




Cuento extraido del libro "Coaching: un camino hacia nuestros éxitos" de Viviane Launer

viernes, 17 de junio de 2011

Mi primer cuento taoista

El camino de vuelta a casa





Había una vez una gran tortuga de mar solitaria llamada Ely que vivía en las profundidades del océano pacífico en una zona cercana a las cálidas aguas del golfo de California. Su cuerpo estaba recubierto por un duro caparazón brillante mezclando los tonos verdes, dorados y marrones.

A los pocos segundos de nacer, Ely aprendió a luchar por su supervivencia; desde la playa en la que sus padres la engendraron en forma de pequeño huevo debía alcanzar el mar a toda prisa si no quería ser presa de los depredadores que se alimentaban de pequeñas tortugas. A causa de este programa de supervivencia, hoy en día Ely solamente se preocupa de los aspectos básicos para salvar su vida; busca comida a las horas de menos ajetreo en el mar, se pone a salvo de los depredadores y descansa para reponer su energía.

Las tortugas acostumbran a llevar una vida solitaria pero curiosamente un día, mientras buscaba un rincón para descansar sin ser molestada por los cazadores de tortugas, se encontró en su camino a una anciana tortuga de nombre Estela con la que empezó una conversación sobre la sensación de soledad y vacío que sentía. Estela comprendió perfectamente a Ely y le explicó que cuando ella era joven también se había sentido de esa forma pero que un día casualmente llegó a sus oídos una historia sobre las corrientes marinas por las que viajan manadas de tortugas en busca de una playa y desde que inició aquel viaje años atrás nunca más había tenido esa sensación de soledad.

Ely sintió como su corazón se aceleraba al escuchar la historia de Estela porque ella tenía enterrado en su corazón un recuerdo borroso de la playa en la que nació y también recordaba una cálida luz en el firmamento nocturno que le sirvió de guía para adentrarse en el mar y salvar su vida.

Sintió por primera vez en muchos años ilusión y felicidad con la idea de reencontrar su lugar de procedencia pero esa ilusión duró poco tiempo porque en seguida aparecieron en su mente los pensamientos de no ser capaz de llevar a cabo una acción tan atrevida ¿Cómo iba ella sola a alcanzar algo tan lejano?.

Los días pasaban en la vida de Ely pero empezó a percibir en su interior una voz que le hablaba y que clamaba por salir al exterior. Cada vez más a menudo se sorprendía a si misma soñando despierta volviendo a su lugar de origen, a aquella playa solitaria iluminada por una cálida luz en medio de la oscuridad de la noche.

La tortuga Ely aprendió poco a poco a escuchar a su corazón, aprendió a reconocer que cuando apartaba el miedo, su corazón se abría y le hablaba de pertenecer a algo mucho más grande, de ser parte una parte importante del universo.

La escucha de sensaciones en su interior se hizo más intensa y lentamente fue reconociendo más alta y clara la voz de su corazón, una voz que con gran sabiduría la guió para aprender a descifrar las señales y casualidades que se cruzaban en su camino.

Un día mientras buscaba comida entre las algas de los pastos marinos escuchó una conversación entre un cangrejo y otro en la que el más vivaracho de ellos le explicaba al otro como había visto pasar una manada de tortugas marinas en dirección al golfo, le explicaba a su compañero que había sido una visión espectacular ver tantas tortugas juntas danzando a través de las corrientes marinas, comentó que le había parecido que desprendían una luz mágica.

Ely sintió que aquello que estaba escuchando era una clara señal, día tras día había aprendido a reconocerlas y haciendo caso a su intuición decidió que había llegado el momento de partir en busca de su gran ilusión y fue así como nadó todo lo rápido que pudo en busca de su sueño y a lo lejos divisó la gran manada de tortugas.

Por un momento su vista la hizo dudar, le pareció ver solamente una gran tortuga nadando, como si todas las tortugas se hubieran unido en un solo ser y justo ahí comprendió que ella también formaba parte de ellas, que todo está relacionado con todo, que todo influye en todo, que no estaba separada del mundo sino que era una parte más de él.

De forma natural se unió al grupo y empezó a experimentar la fuerza vital de las corrientes marinas que guiaban de forma dulce y natural su camino, no era necesario ningún esfuerzo para alcanzar su destino, Ely sonreía al recordar lo difícil que había creído su mente que debía ser eso, pero ahora era su corazón quien guiaba su vida. Por fin Ely se sentía feliz, se sentía parte del mundo y sentía por primera vez en su vida que estaba justo en el lugar que le correspondía.

En ese trayecto hasta el golfo aprendió mucho con sus compañeros de viaje y pudo celebrar con todos ellos la culminación de su sueño el día en el que alcanzó la playa en la que había nacido años antes, el día en que volvió al origen y comprendió que había sido necesario desandar el camino hecho hasta entonces para renacer a una nueva vida más plena, a una vida en la que fluir con las corrientes marinas, a una vida en la que fluir con el tao.


Escucha a tu corazón y descubre que es lo que te hace vibrar de emoción , si está allí es por algún motivo, no apagues tu voz interior, alimenta tus sueños y ellos a cambio te regalarán momentos inolvidables.

martes, 26 de abril de 2011

El mejor regalo del mundo

Hace cierto tiempo, en la época de la gran recesión económica de Estados Unidos, un hombre decidió que durante las fiestas de Navidad de aquel año no habría dinero para grandes regalos.

Pensó que quizás comprando un gran rollo de papel metalizado con dibujos navideños podía alegrar los regalos y sustituir así el contenido caro que no podía permitirse.

El fin de semana del 15 de Diciembre decidió dedicar el sábado a hacer paquetes con las golosinas que había comprado como regalos.

Cuando abrió el armario de la despensa que había bajo la escalera y descubrió que el tubo de cartón en el que estaba el papel estaba vacío explotó de furia.

- ¿Quién ha usado el papel metalizado que estaba en el armario? – empezó a gritar - ¿Quién ha sido? Ese papel es carísimo ¿Para que lo habéis utilizado?

I continuó gritando furioso hasta que su hija de cuatro años se le acercó con la cabeza baja y le dijo.

- He sido yo papá …. yo lo he usado
- ¿Lo ha usado tú sin permiso?
- Si … papá – dijo la niña a punto de llorar
- Ese papel era carísimo señorita. I no era para jugar, era para envolver los regalos de Navidad.
- Es que … - intentó explicar la pequeña.
- Es que eres una mal educada. Tu padre trabaja como un burro todo el día para que en casa no falte de nada y cuando compro una cosa para que todos tengáis regalos, tú ….
- Pero, papá…
- Calla y escucha ¡ Tendrías que haber preguntado si podías utilizar el papel ¡
- No lo podía preguntar papá porque …. era una sorpresa.
- ¿Qué era una sorpresa? ¿Cuál era la sorpresa ¿ ¿Qué ya no habría papel para envolver los regalos?
- No papá, es que lo he usado para envolver un regalo sorpresa.
- Ah si? Un regalo .. todo el papel para un solo regalo ¿ … I ¿Para quién era el regalo sorpresa si puede saberse? – preguntó el padre gritando.

La niña había empezado a gimotear.

- Era … para ti papá.
- El hombre se quedó mudo. Se sintió como un monstruo por haber regañado a su hija que había envuelto un regalo para él. Después de un momento sintiéndose entre culpable y avergonzado por la reacción furiosa se animó a decir:
- Ohh … siento haberte gritado hija pero es que el papel era demasiado caro para usarlo en un solo regalo.
- Si papá … pero la caja era muy grande y ha quedado preciosa.

El hombre sintió que se enternecía y intentó suavizar la situación.

- De acuerdo, enséñame la caja, quizás podremos rescatar un poco de papel para envolver los regalos de todos.

Poco después la niña bajaba de su habitación con una enorme caja de su antigüa caja de muñecas enrollada por el ahora inútil papel metalizado.

- Feliz Navidad papá ¡! – dijo la niña alargando el paquete a su padre.

Invadido por la ternura de su hija, el padre intentó salvar el papel que pudo mientras se culpaba por no haberla escuchado.

Sin embargo, volvió a explotar de ira cuando al abrir la caja descubrió que no había nada en su interior.

- ¿Es que no sabes que cuando uno hace un regalo y envuelve una caja, gastando TODO el rollo de papel de regalo, se tiene que poner algo dentro? ¿Tu madre no te ha enseñado que nunca se regala una caja VACIA?

La pequeña volvió a bajar la cabeza y con lágrimas en los ojos dijo:

- Es que la caja no está vacía papá … Yo soplé dentro setenta besos .. así cuando te marches de viaje, como yo no puedo ir contigo te llevarás los besos que yo te regalé por Navidad.

El padre sintió que se fundía.

Cogió a su hija , la alzó y le suplicó que le perdonara por no preguntar, por no comprender, por no saber escuchar.

Dicen que aquel hombre guardó para siempre la caja y el envoltorio bajo su cama y que cada vez que se sentía triste, desanimado o agobiado por las dificultades de la vida cogía de la caja un de los besos que su hija le había regalado y recordaba el amor con el que la niña los había guardado allí … Esto lo ayudaba a recuperar la consciencia y diferenciar lo que era verdaderamente importante de lo que sólo eran tonterías.


Fuente: Cuento del autor Jorge Bucay

miércoles, 13 de abril de 2011

Fluir con la vida o la esencia del Tao

El agua se adapta siempre a cualquier forma sin perder jamás su esencia. Siempre fluye siguiendo el camino más fácil, el más corto, el que menos resistencia le ofrece. El agua siempre tiende al equilibrio y al reposo. En la quietud es transparente. La suave persistencia de su goteo consigue agujerear la roca más dura y su vaivén logra moldear las asperezas de las piedras. Reza un refrán castellano “dar palos al agua”, y que absurdo es intentar abatirla, no sirve de nada, el agua rodea y abraza a su agresor, esta es su forma de vencerlo. El agua sigue los principios de gravedad y al sentirse atrapada se eleva en busca de una nueva salida. El objetivo del arroyo no es llegar al mar, es simplemente fluir y ser arroyo, y cuando llega al mar, es mar, y simplemente evapora y entonces es nube, y luego simplemente es lluvia, para luego seguir siendo arroyo. Si observamos el fluir del agua nunca encontraremos un error estético, es grácil en el arroyo, elegante en la ola, efímera en el rocío, liviana en la nube, imponente en el mar.


Hay un relato taoísta que cuenta la historia de un granjero que tenía caballos. Un día se rompió la valla que los guardaba y éstos se escaparon. Cuando sus amigos se enteraron acudieron a su casa y le dijeron: “¡Que mala suerte has tenido!” y el granjero les respondió: “Puede ser”. Al cabo de unos días los caballos regresaron acompañados de otros muchos más caballos salvajes. Los amigos muy contentos fueron a su casa para decirle: “¡Qué buena suerte has tenido!” y el granjero, entonces, les respondió: “Puede ser”. Pasó el tiempo y un día el hijo del granjero cuando intentaba domar a uno de los caballos salvajes se cayó al suelo y se rompió la pierna. Los amigos volvieron a su casa y le dijeron: “¡Que mala suerte has tenido!” y el granjero les respondió: “Puede ser”. Justo al día siguiente llegaron unos oficiales para reclutar en el ejército a los hombres jóvenes del pueblo pero como el hijo del granjero estaba lesionado y no podía caminar, lo excluyeron. Los amigos acudieron de nuevo a su casa y le dijeron: “¡Que buena suerte has tenido!” y el granjero les respondió: “Puede ser”…. El mensaje taoísta de este cuento nos enseña que la dicha y la desgracia se suceden, sin comienzo ni fin, todo es un proceso que fluye. La filosofía del Tao implica seguir hábilmente y con inteligencia el curso, la corriente y la textura del fenómeno natural, considerando la vida humana como un rasgo integrante del proceso global y no como algo ajeno y opuesto a él.


Nuria Leonelli - Directora y profesora del Instituto Qigong

viernes, 4 de febrero de 2011

Una historia inspiradora

En cierta ocasión, con el primer sol de la mañana, una oruga caminaba a paso vivo en dirección a la montaña. Junto al camino, un saltamontes - con sus cuatro manos en los bolsillos - le preguntó:

- ¿Hacia dónde te diriges oruga?

Y ésta, sin dejar de caminar, pues avanzaba poco a poco y no tenía tiempo que perder, le contestó:

- Tuve un hermoso sueño anoche: soñé que desde la cima de la gran montaña admiraba el valle. Me gustó tanto esa visión que he decidido hacerla realidad.

El saltamontes, mientras la oruga se alejaba poco a poco, dijo:

- !Debes de estar loca!, ¿cómo podrás llegar hasta la cima? ¿tú? ¿una insignificante oruga? Para ti, una piedra será un monte, un charco un océano, una rama un estorbo y cualquier obstáculo el final de tu sueño.

Pero la oruga no le hizo ningún caso y siguió avanzando a paso lento pero decidido, sin apartar la cima de la montaña de su vista.

A mediodía, un feo escarabajo le preguntó hacia dónde se dirigía con tanto empeño bajo aquel sol de justicia. La oruga, secándose la frente con un pañuelo, contó de nuevo su sueño, esta vez al escarabajo, que estalló en una gran risotada de burla:

- Ni yo, teniendo unas patas más grandes que las tuyas, intentaría alcanzar la cima. - Y se hizo una bola sobre sí misma y bajó rodando por la ladera, como a ella tanto le gustaba.

Por la tarde, una araña le aconsejó a la oruga desistir de su ambicioso empeño en alcanzar la cima:

- !No lo lograrás jamás! - le dijo - Yo lo intenté y fracasé. Hazme caso, no se está tan mal aquí. - Y se fue a merendar un mosquito que acababa de quedar atrapado en su red.

A esa hora, el sol se retiraba a descansar, caía la noche, y agotada y sin fuerzas la oruga decidió descansar también. Con la noche llegó el frío. Con el último esfuerzo de la jornada construyó un lugar donde pasar la noche: un simple capullo prendido de una ramita.

- Esta misma noche abrazaré mi sueño - Y eso fue lo último que dijo antes de "morir" de puro agotamiento a una vida y "nacer" por pura ilusión a otra.

El saltamontes, la cucaracha y la araña fueron a compadecerse de la pobre oruga, el ser más loco de este mundo, que había construido su propia tumba mucho antes de poder alcanzar su sueño irrealizable. !Qué pena les daba!

Al día siguiente, cuando amaneció el nuevo día, aquellos pequeños animales que comentaban el descarado atrevimiento de la oruga y la severa advertencia que su muerte suponía para todos, vieron inesperadamente cómo aquel capullo comenzaba a quebrarse.

Al poco, y con gran asombro, vieron unas antenas que no podían ser de la oruga que creían muerta. Lentamente, emergieron unas hermosas alas azules de mariposa - que tampoco podían ser de la oruga - de dentro de aquel capullo.

La mariposa, ya con sus alas desplegadas, miró a su alrededor y levantó el vuelo en medio del asombro de todos.

Al poco la vieron perderse en el cielo en su alegre vuelo. Ahora sí estaban seguros de que nada la detendría en su ascenso hacia la cima desde donde podría admirar todo el valle como había soñado.

Había muerto a una vida y nacido a otra por ver cumplido su sueño. Y así fue.


Extraído del libro "Cita en la cima" de Ramión Samsó (Ediciones Obelisco)

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Lo divertido en el hombre
"Un señor preguntó a mi amigo Jaime Cohen:
- Quiero saber lo que es más divertido en los seres humanos.
Cohen comentó:
- Piensan siempre al revés: tienen prisa por crecer y después suspiran por la infancia perdida. Pierden la salud para tener dinero y luego pierden enseguida el dinero para tener salud.
Piensan tan ansiosamente en el futuro, que descuidan el presente y así no viven el presente ni el futuro.
Viven como si no fueran a morir nunca y mueren como si nunca hubiesen vivido."
Extraido de "Como el río que fluye" de Paulo Coelho

jueves, 3 de junio de 2010

Fábula de la roca

Un hombre dormía en su cabaña cuando de repente una luz iluminó la habitación y apareció Dios.

El Señor le dijo que tenía un trabajo para él y le enseñó una gran roca frente a la cabaña. Le explicó que debía empujar la piedra con todas sus fuerzas.

El hombre hizo lo que el Señor le pidió, día tras día. Por muchos años, desde que salía el sol hasta el ocaso, el hombre empujaba la fría piedra con todas sus fuerzas... y esta no se movía.
Todas las noches el hombre regresaba a su cabaña muy cansado y sintiendo que todos sus esfuerzos eran en vano. Como el hombre empezó a sentirse frustrado Satanás decidió entrar en el juego trayendo pensamientos a su mente: has estado empujando esa roca por mucho tiempo, y no se ha movido.
Le dio al hombre la impresión que la tarea que le había sido encomendada era imposible de realizar y que él era un fracaso. Estos pensamientos incrementaron su sentimiento de frustración y desilusión.
Satanás le dijo: ¿por qué esforzarte todo el día en esta tarea imposible?.
Solo haz un mínimo esfuerzo y será suficiente.
El hombre pensó en poner en práctica esto pero antes decidió elevar una oración al Señor y confesarle sus sentimientos: "Señor, he trabajado duro por mucho tiempo a tu servicio. He empleado toda mi fuerza para conseguir lo que me pediste, pero aún así, no he podido mover la roca ni un milímetro. ¿Qué pasa? ¿Por qué he fracasado? ".
El Señor le respondió con compasión: Querido amigo, cuando te pedí que me sirvieras y tu aceptaste, te dije que tu tarea era empujar contra la roca con todas tus fuerzas, y lo has hecho. Nunca dije que esperaba que la movieras. Tu tarea era empujar.
Ahora vienes a mi sin fuerzas a decirme que has fracasado, pero ¿en realidad fracasaste? Mírate ahora, tus brazos están fuertes y musculosos, tu espalda fuerte y bronceada, tus manos callosas por la constante presión, tus piernas se han vuelto duras. A pesar de la adversidad has crecido mucho y tus habilidades ahora son mayores que las que tuviste alguna vez.
Cierto, no has movido la roca, pero tu misión era ser obediente y empujar para ejercitar tu fe en mi. Eso lo has conseguido. Ahora, querido amigo, yo moveré la roca

Cuando sientas que la roca no se mueve y vas a desistir del intento sigue empujando y Dios (el Universo o en quien tú quieras creer) moverá la roca y apartará el obstáculo de tu camino.

viernes, 12 de marzo de 2010

El elefante encadenado


Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante. Durante la función, la enorme bestia hacía despliegue de su peso, tamaño y fuerza descomunal... pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.El misterio es evidente:¿Qué lo mantiene entonces?¿Por qué no huye?Cuando tenía cinco o seis años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapa porque estaba amaestrado.Hice entonces la pregunta obvia:–Si está amaestrado ¿por qué lo encadenan?No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca... y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta:El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca.Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo.La estaca era ciertamente muy fuerte para él.Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía...Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a sus destino.Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no escapa porque cree –pobre– que NO PUEDE.Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer.Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro.Jamás... jamás... intentó poner a prueba su fuerza otra vez...Vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad... condicionados por el recuerdo de «no puedo»...Tu única manera de saber, es intentar de nuevo poniendo en el intento todo tu corazón...